Ventas: aquí si hay trabajo….

Ventas: aquí si hay trabajo!                             

By Pily Solache

Tenemos un déficit de puestos laborales y esto es cierto también, en las posiciones de ventas, las cuales son las más complejas de contratar. Por qué elegir a las Ventas como la Profesión de su Vida? Es simple, dicha actividad genera un estrés positivo que nos desafía… también sentir la frustración nos ayudará a ser flexibles y a estar en reinvención continúa.

Por otro lado, si alguien es constante y dedicado, casi nunca se quedará sin empleo… hoy los esquemas de compensación son muy atractivos en relación con los no muy dinámicos sueldos que el mercado ofrece para otro tipo de posiciones.

Recientemente, en conversación con uno de mis Coaches hablamos de los números que puedo obtener adicionales a las comisiones si cuido a mis clientes por los siguientes diez años… hay como me anima saber que todo esfuerzo traerá su recompensa….

Por hoy, no más letras y me muevo a la acción, como regalo, les comparto la parábola que hace años que me ayudó a romper mis prejuicios y fue así como me propuse Ser y Hacer de las Ventas mi forma de vivir…  

Cierta mujer, que había sido esposa de uno de los profetas, fue a quejarse a Eliseo, diciéndole: —Mi marido ha muerto, y usted sabe que él honraba al Señor. Ahora el prestamista ha venido y quiere llevarse a mis dos hijos como esclavos. Eliseo le preguntó:

—¿Qué puedo hacer por ti? Dime qué tienes en casa. Ella le contestó: —Esta servidora de usted no tiene nada en casa, excepto un jarrito de aceite. Entonces Eliseo le dijo:

—Pues ve ahora y pide prestados a tus vecinos algunos jarros, ¡todos los jarros vacíos que puedas conseguir! Luego métete en tu casa con tus hijos, cierra la puerta y ve llenando de aceite todos los jarros y poniendo aparte los llenos. La mujer se despidió de Eliseo y se encerró con sus hijos. Entonces empezó a llenar los jarros que ellos le iban llevando. Y cuando todos los jarros estuvieron llenos, le ordenó a uno de ellos: —Tráeme otro jarro más. Pero su hijo le respondió: —No hay más jarros. En ese momento el aceite dejó de correr. Después fue ella y se lo contó al profeta, y éste le dijo:

—Ve ahora a vender el aceite, y paga tu deuda. Con el resto podrán vivir tú y tus hijos.